El futuro tiene forma de almeja

The Matrix (1999, Warner Bros.)

Eche un vistazo, querido lector, a los siguientes artículos:

(En caso de toparse con algún paywall, se puede usar Remove Paywalls).

La persistencia de los dumbphones, en una época en que prácticamente todos utilizan – para citar a Charlie Brooker – un “espejo negro” conectado 24/7 a internet, no es un fenómeno demasiado novedoso.

Sin embargo, si examinamos con cuidado las fechas en que se publicaron los artículos listados al inicio de este post, se nos revela algo: el movimiento de los dumbphones se asienta cada vez con mayor naturalidad en la sociedad, y va dejando de ser una mera excentricidad privativa de los dominios nerds para ir, lenta pero sostenidamente, asentándose como un fenómeno social y cultural al que cada vez adhieren más personas comunes y corrientes.

Es algo intrigante, para alguien que sigue las páginas de tecnología, sociedad y cultura, que solo en los últimos meses se haya publicado tantos artículos sobre el tema en diferentes medios, varios incluso de renombre. Y aun cuando algunos de ellos puedan parecer publirreportajes encubiertos de dumb.co – una compañía estadounidense relativamente nueva -, el fenómeno de fondo se sostiene.

Es así como, de a poco, el tema va convirtiéndose en algo más que un circle-jerk de hipster-wannabes. Y aunque aún permea en cierta medida ese olor a contracultura, lo cierto es que cada día son más los adolescentes, jóvenes universitarios y profesionales que deciden reemplazar su iPhone por un dumbphone con forma de almeja u otra aparentemente anacrónica, más preocupados de las implicancias reales de estar todo el día pegados a sus spyphones que de hacer performance o pontificar desde un púlpito de superioridad moral.

Lo que quiero dejar sentado, al fin y al cabo, es que me encuentro con creciente frecuencia con artículos de este tipo – por supuesto en sitios predominantemente norteamericanos -, cada vez veo nuevas compañías dispuestas a experimentar con modelos “novedosos” (curioso que en varias ocasiones lo novedoso sea viajar un par de décadas al pasado), e incluso me entero de nuevos movimientos que evangelizan sobre las bondades de abandonar los spyphones, tales como The Offline Club – por ahora casi exclusivamente europeo -, The Luddite Club y ahora Offline Month.

Conjeturo, tomando en cuenta también otros fenómenos bastante idóneos en términos de timing (como la promulgación a nivel internacional de nuevas regulaciones en materia de redes sociales y uso de celulares en colegios, las múltiples demandas civiles que se están entablando en contra de las Big Techs en distintas jurisdicciones de Estados Unidos, y el reciente boom que se está dando en la discusión científica y académica sobre el impacto social y psicológico de celulares y redes sociales), que más pronto que tarde comenzarán a proliferar en Estados Unidos cosas como bares, cafés, restaurantes y otros espacios de uso público en que se promueva activa y seriamente la no utilización de celulares.

Wishful thinking perhaps, pero…

Y como Chile, dicen por ahí, es la mala copia de la tierra del tío Sam, me aventuro a pronosticar que dentro de uno o dos años el movimiento de los dumb phones quizá también comience a emerger por acá, aun cuando sea en calidad de “moda”.

Quién sabe. Quizá, paradójicamente, lo único que baste para que las generaciones Y y Z se desestupidicen un poco es que surja y se viralice en Instagram y TikTok el correspondiente “trend”.