
Procuro vivir en el mundo real; no me interesa vivir en la virtualidad, en un caótico y torpe maremágnum de mentirosos unos y ceros.
¿Cuál es el fin? ¿Alimentar a la Bestia? Boring.
El que sea amigo y quiera preservar esa amistad que llame, tal como yo mismo he procurado coger el teléfono y llamar.
Por cierto que lo idóneo siempre será compartir f2f, pero con cientos de kilómetros mediante, y hoy, incluso, carreteras cortadas, más que digno reemplazo es el teléfono. En serio: se pasa bien conversando de verdad, en tiempo real; habitando y extendiendo este último, con entonaciones, pausas e inflexiones.
Al que no quiera compartir, que siga viviendo en su propio ostracismo y todo bien, ¡de verdad! Pero por favor no proyecten: no adjudiquen patrañas a los demás ni injurien, con absurdos como que uno sería incomunicable, inencontrable. Es todo mucho más simple y rápido de lo que la gente pretende convencerse.
Si eligen engañarse a sí mismos está bien, ¡pero a mí no me engañan!
No disfracen la falta de interés o preocupación con banalidades del tipo: “es que el trabajo”, “es que no tengo tiempo”, “es que me da paja”, “es que darle de comer a la Bestia es mucho más cómodo”.
La comodidad, el terror a la más mínima fricción, será —es— la perdición de la humanidad.
No me pidan compartir su infierno o sus cadenas; no estoy disponible. Hay cosas más interesantes que hacer: por de pronto, vivir y compartir con otros seres humanos —cosa inédita a día de hoy, lo sé—. En el mundo real.
Elijo mantener la soberanía de mi creatividad, tiempo y atención. Lejos de la Bestia.
Elijo estar tranquilo vagando, fotografiando y dibujando; leyendo y escribiendo, pero de verdad, ¡no escupiendo tristes ráfagas de sucedáneo de comunicación!
Ahora, vuelta a la realidad. 🙂
PD: A propósito de manifiestos, dejo por aquí este temón.