La respuesta no puede ser solo más burocracia ni más documentos con lenguaje políticamente correcto. Se requiere prevención real, apoyo psicológico oportuno, disciplina formativa, fortalecimiento de las familias y recuperación de la autoridad pedagógica. Educar no es solo entregar contenidos; también es formar carácter, enseñar autocontrol, respeto, responsabilidad y sentido de realidad.
Corta.
Pero ya lo he dicho: en Chile las políticas públicas serias y de largo aliento, esas que no llevan un nombre propio ni reditúan de una semana a otra en forma de unos miserables puntitos más en la encuesta chanta de turno, nos quedan grandes.
Así es que vamos por los próximos parches curitas: detectores de metales por un lado; uso de aberraciones como “niños y niñas” y “todes” por el otro.