Después de un rato, me confesó: “No tengo redes sociales”. Mis ojos se iluminaron.
“¿Y cómo lo haces? Si gran parte de nuestra vida hoy transcurre a través de una pantalla”, le pregunté. No conocía a nadie -además de mi papá, que tiene 80 años- que usara el celular solo para hablar, mandar WhatsApps o pedir pizza.
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La idea de una relación cien por ciento análoga me pareció excitante. ¿Cómo sería volver a coquetear sin celular? Refrescante, silencioso, con más miradas, más tacto, menos likes, más sensual.
Hablemos de amor: mi cita con un hombre sin redes sociales – La Tercera
El título me llamó la atención. Procedí a leer la columna… y no pude evitar sentir una mezcla de risa, vergüenza ajena y desazón.
Pareciera que la que escribe tiene 14 años. En serio.
Imagínense: ¿cuán idiota hay que ser o cuán disociada de la vida real hay que estar para ver a un hombre “sin redes sociales” y pensar que es una criatura mítica o fantástica? ¿Para verlo agarrar un libro en vez de un teléfono y pensar que se habita en un mundo idílico? ¿Para sorprenderse descubriendo que se puede conocer a alguien hablando (digo, hablando, de verdad, no chateando a través de alguna app) e incluso llevar una vida fuera de una pantalla?
¿Es esto cierto? ¿Es esto representativo de algún porcentaje importante de mujeres chilenes? ¿O de seres humanos en general?
Tío Putin, lance las bombas ya por favor.