El (verdadero) nuevo Ayrton Senna

Hoy en Brasil: Lewis Hamilton en el McLaren-Honda de Senna © formula1.com

La Fórmula 1, la más sublime categoría del deporte motor, indudablemente tiene capitales. Inglaterra con el circuito de Silverstone, Italia con Monza e Imola, Bélgica con Spa-Francorchamps, Mónaco… son Mecas a las que todo devoto de las carreras querría peregrinar, por lo menos, una vez en la vida.

A pesar de la idiosincrasia y tradición típicamente europeas de la categoría, no todas sus capitales se encuentran en el viejo continente. Sin ir más lejos, una de ellas está en Sudamérica, e incluso, como todos los países en que se emplazan los templos antes mencionados, mantiene una antiquísima e histórica relación con el deporte.

Me refiero, por supuesto, a Brasil, en cuyo circuito de Interlagos se llevó a cabo este fin de semana el Gran Premio de Sao Paulo.

La leyenda de Brasil como una de las capitales de la Fórmula 1 es tan grande como el mito de su más excelso embajador, un aguerrido piloto de carreras que no solo nació allí, sino que fue en Brasil donde, precisamente, vio despegar su meteórica trayectoria (una que acabaría de forma tan súbita como trágica hace 30 años en Imola, en plena carrera).

Me refiero, por supuesto, al gran Ayrton Senna.

Mural de Senna en Interlagos © senna.com (foto: Felipe del Valle)

No es un misterio para nadie que a Senna le adoran no solo en Brasil (donde la devoción es rayana, sin exagerar, en lo religioso, cualidad que el mismo Senna, confeso cristiano, compartía), sino en el mundo entero. Ha sido, sencillamente, uno de los más grandes de la historia de la Fórmula 1, y eso no tanto por una cuestión cuantitativa —Senna obtuvo 41 victorias, 80 podios y tres títulos mundiales con la escudería McLaren—, como más bien cualitativa: cualquiera que le hubiera visto correr sabía que simplemente era un genio; un prodigio al volante.

Tampoco es un misterio que, por lo anterior, son varios los pilotos de F1, activos o retirados, que han erigido a Senna como su ídolo o principal fuente de inspiración: desde Fernando Alonso y el mismísimo Michael Schumacher hasta los también brasileños Felipe Massa y Rubens Barrichello.

Con todo, ningún piloto ha demostrado en público tanto fervor hacia la figura de Senna como Sir Lewis Hamilton.

La admiración del británico hacia Senna es historia antigua y conocida. Sin ir más lejos, es una que el actual piloto de Mercedes ha explotado en términos de marketing hasta el hartazgo Así, su relación con la fanaticada brasileña no solo lo ha motivado a usar múltiples cascos en honor a Senna y hasta flamear la bandera verde, amarilla y azul en Interlagos en más de una ocasión; incluso, quien recibiera el título de Caballero de la Orden del Imperio Británico también llegaría a obtener el título de ciudadano honorario de Brasil.

En honor a la verdad, resultaría injusto reducir la relación de intenso amor entre Hamilton y Brasil a la devoción de este último por Senna. Y es que fue en este mismo país que el heptacampeón británico obtuvo en 2008 su primer título mundial junto a, precisamente, la escudería McLaren, en un cierre de temporada bajo la lluvia —peleando punto a punto contra un local— cuyo dramatismo no podría haber sido superado ni por el más osado guionista.

Hamilton adula al público brasileño cada vez que puede y este le responde con la misma moneda. Pero esta simbiosis emocional alcanzó un nuevo hito el día de hoy cuando, a tres décadas de la muerte de Ayrton, y con la venia tanto de la propia familia Senna como de la escudería McLaren, el inglés experimentara el honor de enfundarse en un traje blanco y abordara el mítico albirrojo con que el paulistano campeonó en 1990, para luego salir a dar unas cuantas vueltas de exhibición frente a un alborotado público latinoamericano (un público compuesto, aclaremos, no solo por la fanaticada brasileña, sino también, y en buena medida, por la argentina, hoy por hoy toda revolucionada por la irrupción del pilarense Franco Colapinto).

Tales son los derroteros del destino que, incluso, una de aquellas típicas e intensas lluvias paulistanas de fin de año se apersonó para empapar el asfalto de Interlagos, concediendo a Hamilton la honorable e irrepetible oportunidad de rendir, al son de un sinfónico y orgásmico motor V10 de Honda, un más que hermoso tributo.

Dicho todo lo anterior, y visto lo visto en Interlagos el día de hoy, no cabe duda alguna de que, si hay un verdadero heredero o sucesor espiritual de lo que fue y representó Ayrton Senna, ese se terminó de coronar este domingo, frente a la mirada asombrada de cientos de miles de espectadores provenientes de Brasil, Argentina, demás peregrinos latinoamericanos y del resto del mundo.

Su nombre: Max Verstappen.

Max Verstappen alzando el trofeo del GP de Gran Bretaña © getty images

Porque al margen de los ropajes, los gestos y las declaraciones, la mejor forma de adulación, dicen, es la imitación. Y el carrerón con que el neerlandés de 27 años hoy no derrotó, sino que APLASTÓ a sus rivales, vuelta rápida tras vuelta rápida, y demostrando unas habilidades conductivas en suelo mojado que no pueden sino evocar la imagen de Senna navegando a toda velocidad bajo la lluvia, no deja lugar a dudas: el estilo más virtuoso, agresivo y dominante de la Fórmula 1 hoy lo ostenta Mad Max.

Dicen también que una de las mejores formas de distinguir entre un buen piloto y los mejores es observar cómo conduce bajo la lluvia. Y lo que hoy demostró Verstappen, al margen de mis propias preferencias, fue simplemente una clase magistral, en la que indudablemente pasará a la historia como una de sus mejores carreras.

Sabemos también que correr en asfalto mojado es un reto que, en buena medida, neutraliza las diferencias de rendimiento entre las distintas escuderías, y pone mayor peso que de costumbre en las habilidades del piloto. Así, cuando el auto de Red Bull va en decadencia, mientras que el de McLaren no solo va al alza, sino que se posiciona derechamente como el más rápido de todos (comandado por un Lando Norris que hoy partía desde la pole, pero que, como ya es costumbre, arrugó antes de la primera curva y no pudo con la presión), y Max no solo gana, sino que lo consigue remontando en suelo mojado desde la posición 17, queda poco lugar a dudas de que el neerlandés, hoy por hoy, es el mejor.

La carrera de este domingo también es gloriosa porque al fin neutraliza, en términos prácticos, los supuestos riesgos que los periodistas y fans más creativos esbozaron en algún momento, en el sentido de que Lando Norris podría disputarle a Verstappen el campeonato de pilotos.

Es verdad que, con tres carreras pendientes para el fin de temporada, y matemáticamente hablando, el campeonato no está cerrado: algo podría salir mal, Verstappen podría abandonar en las tres últimas carreras y Norris ganarlas todas. Pero bien sabemos que las posibilidades de que eso ocurran son virtualmente inexistentes, por lo que, a riesgo de decir que estamos limpiándonos antes de hacer del número dos, Max hoy se ha coronado en las tierras de Senna, y con justicia, tetracampeón.

Transmisión de hoy. ¡Antofagasta presente en el GP de Brasil! 🙂

Y qué le vamos a hacer: lejos de las frases para la galería, los shows y las performances políticas —haciendo apologías al movimiento violentista “Black Lives Matter” o promocionando una mascota vegana en Instagram—, Verstappen nació (el don), o más bien fue criado (la preparación), para ser el mejor piloto en décadas; incluso, a costa de parecer “desagradable”. Al margen de los stunts marketeros de los que Hamilton, amigo de Justin Bieber y Shakira, es tan asiduo, a Max solo le interesa ser el mejor y ganar. Vive por y para la Fórmula 1, incluso cuando no está corriendo.

Indudablemente, a Max le queda mucha carrera por delante, y aun cuando estadísticamente no llegara a ponerse a la par de Hamilton y Schumacher —recordemos que ambos ostentan el récord de siete títulos mundiales—, ya se ha posicionado en términos cualitativos no solo entre los grandes de la historia, sino como el más digno y fiel heredero de Senna.

Pero como no tendría gracia cerrar esta columna si no fuera en una nota ácida y tal vez algo provocadora, me permitiré vaticinar que Verstappen no solo, como en 2021, le volverá a ganar el mano a mano a Hamilton (Dios quiera que Ferrari le pase a este último un auto competitivo, para que el duelo sea justo), sino que conseguirá más títulos que él y Shumacher.

No tendrá su propia línea de ropa, cadena de restaurantes veganos ni pomposa (im)postura política, ¡pero de seguro se conformará con ocho trofeos en la vitrina! 😉

© REUTERS/Edgard Garrido